Reconociendo que no sóo nos llamamos,
sino que verdaderamente somos hijos de Dios,
oremos como el Señor nos enseñó:
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre,
venga a nosotros tu Reino,
Hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día,
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en la tentación
y líbranos del mal.
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Padre nuestro tú que estás / ¿ì¸® ¾Æ¹öÁö, °è½Ã´Â... | |
Padre nuestro, Tú que estás
en los que aman la verdad
haz que el reino que das Tú Señor
llegue pronto a nuestro corazón;
y el amor que tu Hijo nos dejó,
ese amor, esté ya con nosotros.
(narración)
Y en el pan de la unidad
Cristo, danos Tú la paz
Y olvídate de nuestro mal,
si olvidamos el de los damás.
No permitas que caigamos en tentación
¡Oh Señor! ten piedad de nosotros.
Ten piedad del mundo.
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S : Líbranos, Señor, de todos los males y
concédenos la paz en nuestros días,
para que, ayudados por tu misericordia,
vivamos siempre libres de pecado
y protegidos de toda perturbación,
mientras esperamos la gloriosa venida
de nuestro salvador Jesucristo.
J : Tuyo es el Reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.
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